Entonces allí sentada en aquel balcón veo aquella estrella. Tan bonita. Tan reluciente. Destaca por encima de las demás, por ser la más mágica, quizás es la que tu me mandaste. No puedo evitar sonreír y cierro los ojos, como dije que haría. Pienso que aquella estrella vuelve a su lugar de origen, y entonces la noto entre mis dedos. Aquella estrella. Mi estrella...
...y el tiempo sigue pasando, y cuanto mas pasa mas te echo de menos. Siento como si me debilitase por dentro, pero la estrella sigue en mi mano, es una parte de ti, así que la guardo en mi bolsillo, como el mas puro de los tesoros.
Pero siento como si con esa estrella me perdiese en un mundo diferente. Un mundo donde los sueños son los encargados de trasladarnos; donde aquella estrella mueve mares, pero siempre odiando a las demás por no pasar por mi ventana, aunque esa pequeñita si lo haya hecho. La mas bonita. La mas dulce. La única. Ella. La misma que siempre se morirá por sorprender a una persona incapaz de decidir decisiones delicadas.
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