+ Claro. Dígame señorita
- No, no, déjelo- dije mientras miraba al horizonte
+ No, en serio señorita, ¿qué quería?
Seguí mirando al horizonte, y llegué a la conclusión que el hombre no estaba viendo lo que yo
- Buscaba el camino de la felicidad...
+ ¿Lo buscaba?
- Si, porque ahora se que existe. Esta allí- señalé con el dedo a un atardecer en la playa
+ Disculpe, pero no la entiendo
- Verá, antes buscaba el camino de la felicidad, pero es que me acabo de dar cuenta que siempre ha estado ahí. Él es mi camino. Siempre ha estado ahí, pero me doy cuenta después de un tiempo, como el atardecer. Nunca nos damos cuenta de lo precioso que es, hasta que lo miramos fijamente
+ Es usted asombrosa. Tiene una teoría realmente buena
- Si, lo sé. ¿Usted ha encontrado la felicidad?- dije mirándolo. Lo miré a los ojos verdes. Unos ojos verdes que llamaban la atención por su intensidad.
+ La felicidad la encontraré cuando sepa que la gente a la que quiero lo es, mientras tanto, seguiré ayudando a la gente con sus destinos.
Sonreí. Me estaba volviendo loca, había hablado sola con mi mente, una vez mas; pero como una vez mas, me había ayudado a descubrir que él es mi felicidad. La misma felicidad que le produce a un niño pequeño la primera vez que ve la playa; pero lo mio con una diferencia; al niño se le pasaría esa felicidad, y a mi nunca se me pasará, porque estoy contigo.
me encanta y s mui cierto *.*
ResponderEliminarMe alegro que te guste, siempre te gusta lo que escribo. Creo que este texto, además de sorprender, intenta aprender, ya que según dice mi conciencia la felicidad se encuentra en las pequeñas cosas. La felicidad suele estar ante nuestros ojos, como el atardecer, es bello, pero nunca tenemos tiempo para parar a mirarlo, en cambio, en cuanto encontramos a una persona que nos lo muestra nos quedamos asombrados
ResponderEliminarxD
:)