Los trenes pasan sin más, la gente sube y baja como si nada, pero yo en cambio estoy allí sentada, veo en el mismo banco de siempre a la misma chica que tiempo atrás abandoné, con la misma sonrisa de siempre y la misma mirada perdida en el horizonte. Quiero acercarme a ella, preguntarle porque no se atreve a subirse a un tren, pero una gran mano entrelaza su mano con la mía. Lo miro. Es él. Con esa sonrisa que hace que se me pongan los pelos de gallina y con su mirada, donde me pierdo cada día.
- ¿Vamos?- me dice mientras me da un suave beso en los labios
Quiero asentir, pero antes me separo de él y voy hacía la chica. No me gusta verla decaída y con la moral baja, aunque es una simple desconocida, es como si me sintiese reflejada tiempo atrás. La misma mirada perdida en el horizonte, pero la misma sonrisa.
Me acercó a ella y me siento a su lado, como hacía minutos había hecho
+ Hola- susurro
No recibo respuesta. Ninguna. Nada. Solo la misma postura de siempre
+ Mira se que no me conoces..-lo vuelvo a intentar- ..pero tiempo atrás yo estabas así, como tu, y me di cuenta que la felicidad se encuentra dando pasos grandes contra el anden
No contestaba, por lo que seguí hablando...
+ La felicidad esta donde tu la quieres buscar. Te aseguro que no se encuentra hay sentada, lamentándote de las desgracias o llorando- una lagrima apareció por sus ojos, pero la postura era la misma- A veces solo tenemos que esperar a que la felicidad llegué a nosotros. No hablaría de ello sino conociese la felicidad. Mi felicidad es él- dije mirándolo. Me sonreía y me di cuenta como él se acercaba a una mujer que vendía rosas.
La chica no contestaba, no hacía nada, seguía la misma postura, por lo que me levanté y me di por vencida. Volví a cogerle la mano a mi felicidad
- ¿Qué hacías, mi vida?- me susurró
+ Hablar o intentar hablar con la chica de la sonrisa perdida
- ¿Qué chica?- dijo mirando a todas partes
Iba a señalar al banco donde había estado sentada, pero me di cuenta que mi mente me había vuelto a engañar. Había vuelto a explicarle mi felicidad a mi conciencia. A la antigua yo, a la que se quedaba sentada viendo la vida pasar, la que esperaba que su tren llegase, y así fue como llego él..pero si yo no hubiese puesto de mi empeño, él no sería mi felicidad, ni yo la suya.
+ Nada, cosas mías- dije dándole un beso en los labios
Me sonrió y me entregó la rosa
- Es la primera de muchas
Cogí la rosa roja entre mis dedos y en un segundo se convirtió en blanca. No entendía la reacción de esa flor, pero lo entendí. La mujer le había vendido la rosa, la misma rosa que te muestra si puedes fiarte de algo; de él, y es así, es mi felicidad, mi futuro, mi vida entera. Blanco, blanco como la inocencia, la madurez, la sensatez. Se la volví a dar y se convirtió en azul
- Azul, felicidad- me susurró
+ Es que tu eres mi felicidad
- Tu eres lo que llevo mucho tiempo buscando- y me besó
Subimos a aquel tren cogidos de la mano, sonrientes y enamorados. Un bonito final ¿no creéis?
A veces no todo es como en las películas o en las series, que todo tiene un final feliz; pero en mi caso no era un final, sino un principio. En las películas para los guionistas es muy fácil acabar algo, o bien o mal, pero no lo hacen casi nada realista, ¿por qué? Simple, porque la gente no quiere ver la realidad.
Mi realidad es esa, no un final, sino un principio.
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