lunes, 11 de octubre de 2010

Un día de lluvia

Veo caer la lluvia por mi ventana, el cielo esta oscuro y las gotas caen suavemente. Me gustaría estar ahí delante, encima de los charcos, saltando, como una niña. A veces me gustaría volver a esa etapa, donde no había preocupaciones, donde lo que mas nos preocupaba era si mamá nos ponía chocolate para merendar o nocilla: donde nos pasábamos toda la tarde en casa de un amigo jugando a tonterías. Volver a sentir como haces una pandilla, sin saberlo, el sabor del primer beso, los juegos tontos en una mañana de verano, donde te encontrabas con amigos en el parque, el primer dia de clase, que tenías nervios y lo soltabas gritando...todo eso desapareció. Tenemos estabilidad, conoces nueva gente, pero los amigos de siempre, estarán en tu corazón siempre, vas pasando por distintas etapas, pero a eso se le llama madurez, no te subes 50 mil veces a los caballitos, porque te das cuenta que todo es igual, va todo en un mismo sentido y son todos iguales. En cuanto vas madurando, lo que nos va preocupando es conseguir la nota adecuada para una buena universidad y conocer a la persona que te hará feliz el resto de tu vida. Si, todos vamos a pasar por esa racha, pero...¿y qué hay del pasado? Nunca quiero olvidarlo, porque con él he aprendido de los errores, a caerme y que me ayuden a levantarme, y sobre todo porque con cada error conocí a una persona nueva, que o bien me ayudó o bien fue algo importante para mi, ya que las personas realmente importantes en tu vida, se quedan ahí, pase lo que pase, llueva o haga sol, nieve o hiele, siempre estarán ahí, y con cada error descubrimos que no esas personas parecían tan inocentes como creíamos.
Ahora sé lo que quiero, sé que si me cae una lagrima, alguien estará ahí para recogérmela y sacarme una sonrisa. La felicidad no es un destino, sino un camino por recorrer, y a veces la felicidad está en las pequeñas cosas, en un beso de la persona amada, en un te quiero cada noche, en un abrazo de tus padres o tus amigos, incluso en una visita a una persona lejana. En eso se basa la felicidad en las pequeñas cosas, en las sorpresas, en encontrarte un día con ganas de llorar, porque alguien hace de tus días mas bellos.

Y vuelvo a mi realidad, sigo allí delante de mi ventana, viendo llover. Me paro a ver un gran charco, hay dos niños pequeños debajo de la lluvia saltando con sus botas de plástico, juegan a algo absurdo de niños, pero sin darse cuenta se abrazan y se besan. El primer beso. El cálido sabor del primer beso, inocente y dulce. Ellos están llevándose por la etapa de la vida y cuando crezcan se acordarán de ese día de lluvia. Un día de lluvia normal, pero diferente. Un otoño oscuro, donde siendo pequeños dieron su primer beso.
Sonreí y me dirigí dentro de mi habitación, cogí dos rosas blancas que había tiradas en el suelo y las olí. Seguían oliendo tan bien, como aquella tarde de primavera...

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